No fue la primera (y lógicamente tampoco la última), pero tuvo un sabor especial. Porque se comenzó a charlar firmemente en la inauguración oficial, porque hubo visitas que engalanaron la noche, porque cada vez es más numeroso el grupo que se reúne, y porque, nobleza obliga, los chori y los pollos estuvieron exquisitos.
La Escuelita de Boxeo que funciona en el Club Bernardino Rivadavia organizó un nuevo encuentro donde estuvieron los chicos que actualmente están entrenando, sumándose el querido “Negro” Juan José Torres, como así también otros ex destacados pugilistas, como Hugo Atila y Oscar Puzzo, quienes se sumaron a integrantes de la Comisión Municipal de Boxeo y la visita, desde Pergamino, de Julián Aristule (segundo en el ránking argentino de los supergallo y con una oportunidad inminente de luchar por la corona nacional), que arribó junto al entrenador Víctor Raya.
La escuelita de Rivadavia tiene un buen número de boxeadores, algunos de ellos con mucha experiencia y con galardones bien ganados (como los hermanos Jonathan y Ronan Sánchez), otros que ya comenzaron a sentir el estar arriba de un cuadrilátero (Agustín Torres, Nicolás González), y la mayoría que no han debutado, pero que sigilosamente entrenan día a día y quieren ser protagonistas del duro deporte, como Juan Tello, Eduardo Pintos, Carlos Ferreyra, Lázaro Moreyra, Marcelo Martínez, y algunas niñas, como Lorena Benítez, Daiana Giménez y Vilma Franco. Todos bajo las órdenes de un voluntarioso Amadeo Ascensión, quien trabaja con la solidaria colaboración de Eduardo Alberti, Nicolino Puzzo, Luis Torres y Darío Aguilar.
“Queremos formar y darles un buen entrenamiento a estos chicos” le dijo a este semanario Amadeo Ascensión, feliz por el presente de la escuelita, que tiene un buen apoyo no sólo de particulares, sino de la Dirección de Deportes, del club Rivadavia y del Centro Integrador Comunitario de barrio Progreso, cuyas profesionales se interiorizan y están muy de cerca con el día a día de varios de estos pibes, que buscan un buen porvenir apegados al deporte y la vida sana.
Las charlas parecían interminables, de un lado el “Negro” Torres contaba alguna anécdota de cuando, en Canadá, lograba la heroica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Winnipig; justo por estos días donde está competencia está tan presente; por el otro “Chispita” Aristule tiraba algún comentario sobre la pelea que le ganó a Roberto Marín hace un par de semanas en Pergamino, y que lo hizo estirar su récord a un destacado 21-2-0. Y no podía faltar, para matizar, un tango de Oscar Puzzo. Los más chicos que escuchaban entre atentos y sorprendidos ante cada anécdota, ante cada vivencia de los más veteranos. La noche fue perfecta, especial. Y que merece (y tendrá) un nuevo bis.