Hoy esa labor, que fue motor económico del pueblo junto con la llegada del Ferrocarril General Belgrano, está prácticamente extinguida. Lisal es la única empresa tecnificada que continúa con la explotación de sal en los 600.000 km2 que tiene el salar y que Córdoba comparte con La Rioja, Santiago del Estero y Catamarca.
El avance de las aguas de los ríos cercanos hizo que la actividad decayera, lo que impulsó que los habitantes del pueblo tuvieran que buscar otras fuentes de trabajo. El municipio, junto con Lisal, empezaron a incentivar el turismo y abrió el único hotel de San José de las Salinas.

La mayoría de los turistas que se acercan hasta la reserva de Salinas Grandes buscan lo mismo: contemplar el amanecer y el atardecer desde el manto blanco infinito. El hotel es uno de los únicos lugares que, con seguridad, está abierto todos los días del año y ofrece visitas guiadas.

Para ver el amanecer el sitio elegido se llama El Retumbadero, donde el sol aparece detrás de unas viejas vías y estructuras de madera que antes se utilizaban para trasladar la sal. Allí se cuenta cómo funcionaba esta industria y se hace un desayuno “salinero” con un té de hierbas de la zona con azúcar quemada y tortas fritas o alfajores a base de harina de algarroba que se produce en el pueblo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *