La implementación del sistema de videovigilancia por parte del Municipio puso de manifiesto una situación que, hasta ese momento, no había adquirido una visibilidad tan contundente: el alto nivel de violencia urbana que hay en las calles de Junín.
De acuerdo a las estadísticas de la Dirección de Seguridad, que fueron publicadas por DEMOCRACIA, el 30% de los casos de delitos en los que se dio intervención a la Policía corresponden a disturbios y agresiones físicas en la vía pública. Peleas callejeras, corridas, rotura de vidrios, desórdenes, son moneda corriente para los observadores del centro de monitoreo. De esta manera, se patentiza una situación que alarma a las autoridades y especialistas, quienes procuran encontrar respuestas frente a este panorama preocupante.

Violencia, consumo y nocturnidad
El director de Seguridad Municipal, Víctor Knappe, asegura que la instalación del sistema de cámaras de seguridad “ha hecho visible una situación que estaba presente en Junín, pero que no se advertía con tanta claridad”. El funcionario señala que los lugares más comunes en donde se dan estos episodios son “la Terminal de Omnibus, la plaza 25 de Mayo y la salida de los boliches”.
De acuerdo al análisis de Knappe, este panorama presenta “una gran influencia del consumo de alcohol” por parte de los jóvenes.
Para Mario Barzola, titular de la Comisaría Primera, “la violencia está instalada en la sociedad”, y amplía: “No sé si hubo un incremento, pero sí sucede que en el último tiempo está más expuesta. Todo el mundo observa mucho más de cerca lo que pasa todos los días en la calle, en ocasiones el simple hecho de tener un accidente de tránsito común, sin lesionados, a veces genera un hecho de violencia verbal y hasta física, solamente por el choque. Es algo que hoy lo vemos todos y tal vez ahora se le da más trascendencia, cosa que anteriormente a lo mejor no pasaba”.
Barzola considera que “la nocturnidad potencia estas actitudes” por el hecho de que “los chicos llegan al boliche con algún tipo de estado de excitación, con la intención de pasar una noche entera con música y demás, y por ahí a la salida afloran algunas cosas pendientes de la semana o situaciones que generan reacciones. Esto puede pasar y ocurre generalmente con los más chicos”.
En tanto, un punto en el que el comisario observa un notable incremento es en las peleas entre chicas. “Antes no se veían tanto, a lo mejor existían pero uno no las observaba tan claramente y de manera tan corriente, pero actualmente, en ese aspecto las chicas están un poquito más osadas”, destaca.
En este marco, la socióloga Elizabeth Belligoi hace hincapié en que “la violencia no es patrimonio de los jóvenes, lo que se da es una reproducción de la violencia social; está claro que los jóvenes son un reflejo de una sociedad violenta, y que tratan de encontrar respuestas”.
Belligoi, que durante muchos años trabajó en el tema de adicciones, advierte que ella “no le echaría la culpa a la droga sobre esta situación, sí es cierto que hay un nivel de consumo que ‘está permitido’ en la sociedad. El consumo se ha duplicado en el último tiempo, tanto de sustancias legales como ilegales, y eso es posible porque hay una tolerancia social muy grande para que esto suceda”.

La Policía, las cámaras y la seguridad
El comisario Barzola asevera que cuando suceden hechos de violencia, en general, la proximidad del personal policial suele tener un efecto de disuasión. “Si empieza una pelea y ven un móvil policial, lo más probable es que dejen de agredirse”, explica.
Es por ello que el uniformado sostiene que desde el accionar policial, “la idea concreta es tratar de evitar que sucedan este tipo de cosas, y si no, resolver la cuestión en el lugar procurando impedir que sigan con la agresión. Cuando no pasa de lo verbal tenemos mucho cuidado y lo más probable es que el personal policial no se meta, porque a veces pasa que ‘se dan vuelta’ y terminan los dos protagonistas o grupos increpándonos a nosotros. Pero cuando la agresión es física, tratamos de separarlos y contenerlos de alguna manera para evitar que se lesionen”.
Por su parte, Knappe confía en que la acción de las cámaras sirva para contrarrestar la propensión a estas peleas. El funcionario puntualiza que este sistema es útil porque al detectar una agresión se puede dar aviso rápido a la Policía y por eso, supone que los domos “son fundamentales para combatir la violencia y esperamos que sea una herramienta disuasiva”.
Además, el director de Seguridad subraya que a través del análisis de los registros de las cámaras se evalúan los criterios utilizados y se establecen nuevas estrategias de prevención.
En tanto, Belligoi insiste en no demonizar a la juventud por esto: “Hoy se ve cotidianamente que hay un maltrato hacia los jóvenes, pero yo siempre los defiendo, porque hay muchos que trabajan, estudian y hacen cosas muy importantes que no siempre son destacados cuando se habla de ellos”.
Para la socióloga, el problema es más profundo: “Todo se enmarca en la frase ‘vivimos en una sociedad insegura’. Esa es una queja permanente y la violencia es algo más que se suma a esto. En algún caso sí es una forma de respuesta por parte de los jóvenes, pero lo que hay, claramente, es una sociedad en crisis, con valores cambiados, que no encuentra respuestas en sus instituciones”.

Fuente: Diario Democracia