Por Fernanda Delgado
Secretaria del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires

Es interesante, como profesional de la Nutrición, analizar la evolución del enfoque en la salud relacionada con la obesidad. Tradicionalmente, el 4 de marzo se designaba como el «Día Mundial de la Obesidad», pero desde hace unos años se ha transformado en el «Día Mundial contra la Gordofobia», una iniciativa liderada por activistas gordas para poner fin a la estigmatización arraigada y propiciar la reflexión sobre los sesgos de peso en la atención en salud.

Aunque esta modificación puede generar controversias entre algunos colegas del ámbito de la salud, es esencial abordar estas cuestiones en nuestra lucha contra la discriminación y estigmatización.

En ese sentido, es fundamental reconocer que las intervenciones convencionales a menudo asumen que la adiposidad es la causa directa de morbilidad y mortalidad. Sin embargo, la relación entre peso y salud es más compleja. El índice de masa corporal (IMC), utilizado comúnmente para diagnosticar la obesidad, ha demostrado limitaciones que nos instan a desvincular la salud del tamaño corporal.

La visión pesocentrista, que sitúa el peso corporal como el indicador principal de salud y considera la gordura y la obesidad como términos intercambiables, ha sido objeto de críticas por su reduccionismo. Desde la nutrición, entendemos que la salud abarca el bienestar físico, mental y social, y es vital superar la noción restrictiva de que la pérdida de peso es el único camino hacia la salud, promoviendo así una comprensión más integral del bienestar o el estar «sanos».

Resulta indispensable que, como profesionales de la salud, consideremos detenidamente la discriminación y violencia que experimentan las personas gordas, sobre todo las mujeres. Las burlas, el bullying y la patologización de sus cuerpos impactan profundamente en su bienestar psicológico, y sentirse señaladas o juzgadas por los profesionales que deberían acompañar sus procesos, no contribuye positivamente a su salud integral.

La salud pesocentrista, centrada en el peso ideal y el IMC, tiende a estigmatizar a las personas gordas, complicando su acceso a la atención. Las tablas de peso ideal y el IMC desestiman la diversidad corporal y perpetúan estándares irreales.

Por ello, desde el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires aspiramos y convocamos a abandonar la patologización de los cuerpos y dirigir nuestros esfuerzos hacia políticas alimentarias y educación nutricional inclusivas. La salud no debería depender del tamaño de nuestros cuerpos; es un derecho fundamental para todas las personas. En una sociedad que prioriza la delgadez, es esencial reconocer que la salud integral es posible desde la diversidad corporal, y que la estigmatización no contribuye al bienestar en su sentido más amplio.

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