A dos meses de que termine el período para sembrar maíz y soja y en medio de las inundaciones que pusieron en alerta roja a un tercio de la provincia, crece la preocupación de los productores por el deterioro de los suelos que, según aventuran, tardarán varios meses en recuperarse, reduciendo a la mitad la proporción de las superficies aptas para el cultivo.
Según pronostican especialistas y productores de los distritos más afectados, la recuperación “será lenta”, sobre todo para los suelos donde existe una gran presencia de sales en la superficie. Aunque también evidencian problemas frente a la falta de nitratos, y a la “pérdida de estructura de piso”, que impide el trabajo de las máquinas.
Mientras que desde Trenque Lauquen vaticinan que la disminución del territorio apto para el cultivo “será de entre un 30 hasta un 70 por ciento”, en Carlos Casares aseguran que “va a ser muy difícil llegar a la siembra de soja para mediados de este mes”, porque aún permanece el agua anegando los campos. En tanto en Laprida, distrito mayormente ganadero, analizan las dificultades para la siembra de forrajes, y aseguran que los animales siguen muriendo de hambre.
Según explica a DIB el director del Instituto de Suelos de INTA Castellar, el ingeniero Miguel Ángel Taboada, «las consecuencias más severas se generan cuando las inundaciones se dan por el ascenso de la capa freática, que es una napa subterránea muy cargada de sales”. En esos casos, según dice, al irse el agua quedan mantos salitrosos que producen «un efecto destructivo» sobre los suelos, y cuya permanencia “puede durar desde meses hasta dos años». Frente a esa problemática se recomienda no sembrar porque «las sales generan una restricción del agua hacia las plantas», y éstas mueren fácilmente.
En Trenque Lauquen, donde más de la mitad del distrito se vio afectado por las inundaciones, los productores se encuentran realizando los análisis necesarios para identificar qué zonas son las más perjudicadas por la presencia de sales. El ingeniero agrónomo y productor rural, Miguel Buero, afirma a DIB que la zona apta para la siembra “se ha visto disminuida entre un 20 y un 70 por ciento, sobre todo en el sector norte del partido. Es decir, que en los casos más extremos, los productores van a poder sembrar sólo un 30 por ciento del territorio, con respecto a la temporada pasada”.
A 90 kilómetros de allí, en Pehuajó, con las lluvias de los últimos días (hasta 80 milímetros en alguna zona) la situación sigue siendo alarmante. “No hay forma de sembrar. Hay campos bajo agua y otros a los que no se puede ingresar por los caminos anegados”, cuenta el productor e integrante de Carbap, Ignacio Azcueta. Y estima, con cierto pesimismo: “Si no cambia la situación en las próximas semanas, en maíz vamos a poder sembrar la mitad que el año pasado y en soja tal vez algo menos”.

SALINIZACIÓN
Según explican los expertos cuando se evidencian procesos de salinización sólo resta esperar que se dé “un proceso natural de barrimiento”, que por lo general se realiza con futuras lluvias de menor intensidad, y dura varios meses.
Asimismo, consultada por DIB, la ingeniera de INTA Villegas, Miriam Barraco, coincide en que el transcurso es lento, porque según dice, “en principio hay que dejar que el suelo se cubra de malezas tolerantes a la sales, que no tienen ningún valor, para que una vez que el suelo tenga vegetación, puedan aparecer otras especies, hasta que el equilibrio se restablezca”.
Sin embargo, la existencia de sales no es el único problema que deben afrontar los productores, ya que ante las intensas lluvias disminuyen los nitratos que son necesarios para el buen desarrollo de los cultivos. “Las inundaciones también complican los niveles del nitrato disponibles para las plantas, que nacen clorátidas o amarillentas”, afirma a esta agencia el ingeniero y productor rural de Carlos Casares, Gastón Blajean.
Si bien en esos casos la solución es más fácil porque sólo es cuestión de utilizar fertilizantes, “se produce un aumento de los gastos y por ende sube también el costo de la producción, y eso implica un nuevo riesgo económico para el productor”, agrega Buero.

PERJUICIOS EN CAMPOS GANADEROS
Los productores ganaderos también se vieron seriamente afectados por la descomposición de los suelos, sobre todo ante la pérdida de la estructura del piso. “En este sentido el tránsito de la maquinaria o animales sobre la superficie del suelo muy húmedo, provoca el amasado y la compactación de los horizontes superficiales, y al secarse se forma una costra resistente de varios centímetros de espesor”, explica en un informe la especialista de INTA Villegas.
Del mismo modo, el productor de Laprida Mario Conlon, dice que “ya se evidencia existencia de sales en los territorios donde realizan siembra de forrajes”, y esa situación restringirá la alimentación de los animales, que según dice, aún continúan muriendo de hambre. Mientras tanto, en Carlos Casares, donde aún no bajó el agua, se encuentran trasladando el ganado hacia otros campos de La Pampa.