El ministro peronista expone las contradicciones ideológicas del ultraderechista, que apenas saca provecho de la crisis económica que pesa sobre su rival. El domingo se celebra la segunda vuelta.

Si un debate tiene alguna posibilidad de definir una elección, ninguno mejor que el celebrado este domingo en Argentina entre los dos candidatos a la Presidencia. El peronista Sergio Massa aporreó sin compasión durante dos horas a su rival, el ultra Javier Milei. El actual ministro de Economía concentró sus esfuerzos en exponer las contradicciones de Milei en la campaña, lo atosigó a preguntas que exigió contestar “por sí o por no”, puso en duda su estabilidad emocional y cerca estuvo de hacerle perder los estribos. Milei ocupó la mayor parte de su tiempo en defenderse. Tildó a Massa de mentiroso y de ser parte de “la casta” que “ha empobrecido al país”, mientras agitaba el fantasma de un posible fraude en las elecciones del domingo próximo. Pero perdió, como un amateur, la oportunidad de sacar provecho de la crisis económica que dejará el kirchnerismo al presidente que llegue a la Casa Rosada el 10 de diciembre.

El formato de este debate definitivo, que permitió las interrupciones y el diálogo entre los contrincantes, favoreció con claridad al peronista desde el inicio. Por algo es un político profesional con más de 30 años de experiencia, que fue candidato a presidente en 2015 despotricando contra el kirchnerismo (obtuvo el 21% de los votos) y ahora volvió al ruedo bajo la misma ala que tanto repudió. Milei, que saltó a la política hace poco más de dos años desde la televisión, padeció la falta de reflejos políticos y debió asirse a sus muletillas de campaña mientras perdía el tiempo respondiendo ataques.

Massa se concentró en los cambios de opinión de su rival. Tras quedar segundo en la primera vuelta electoral, el ultra tomó distancia de sus propuestas más polémicas, como la libre portación de armas, el fin de las ayudas sociales o terminar con la educación pública. Massa le achacó también su alianza con Patricia Bullrich, tercera en el primer turno del 22 de octubre, y su jefe político, el expresidente Mauricio Macri (2015-2019). “Por sí o por no, ¿vas a eliminar los subsidios? Por sí o por no, ¿vas a dolarizar la economía? Por sí o por no, ¿vas a privatizar ríos y mares? Por sí o por no, ¿vas a eliminar el banco central? Por sí o por no, ¿vas a arancelar las universidades?”.

“No me vas a condicionar, ustedes son unos mentirosos”, le respondió Milei, atosigado por lo que por momentos fue más una suerte de entrevista. “No vamos a tocar las tarifas. Vos nos reventaste los ingresos, si tuviéramos los ingresos de antes de la convertibilidad [del peso con el dólar, en 1991] tendríamos cuatro veces más que hoy. ¿Sabés por qué voy a terminar con la inflación? Porque es la forma en que ustedes nos roban a nosotros, el Gobierno de delincuentes que vos integrás”, le respondió. “Milei, el debate es largo, no te pongas agresivo”, le contestó Massa. “No te agredí, solo expreso con pasión lo que nos está pasando”, le dijo el ultra. Los primeros minutos del debate marcaron el tono de lo que serían las dos próximas horas.

Milei estuvo titubeante, pero nunca llegó del todo a perder los estribos, pese a los esfuerzos de su contrincante. Siempre a la defensiva, sufrió la regla que le impedía tener apuntes. También el formato de los seis minutos. Ese era el tiempo del que disponía cada uno para desarrollar sus temas y perdían segundos cuando interrumpían al rival. Massa aprovechó la norma: disparaba preguntas cortas que dejaban sin tiempo a Milei, mientras él disponía más tarde de sus minutos para cerrar el bloque a gusto. “Entiendo que hiciste tu carrera en televisión, pero lo que está en juego hoy es el futuro de la nación. O te contradecís en la base que presentaste a la justicia electoral o en lo que decís esta noche. Estamos ante alguien que miente esta noche o mintió durante toda la campaña”, le achacó Massa a su rival. “Sos un mentiroso”, le respondía Milei a repetición.

El bloque de derechos humanos y convivencia democrática era una buena oportunidad para Massa, que inexplicablemente dejó pasar. El ultra propone la libre portación de armas y lleva de candidata a vicepresidenta a Victoria Villarruel, una negacionista del terrorismo de Estado. El debate, sin embargo, viró hacia la propuesta de Milei de reprivatizar el sistema de pensiones y sus constantes ataques a lo que llama “la casta política”. Fue en ese momento que Massa resumió cuál ha sido la estrategia de su campaña: “Esto no es entre [Mauricio] Macri o Cristina [Kirchner], Javier; esto es entre vos o yo. Ellos ya tuvieron su oportunidad, y los argentinos deciden sobre eso”.

El bloque sobre la seguridad fue, sin dudas, el que más benefició a Massa, que lleva años enarbolando la bandera de la mano dura contra la delincuencia, pese a pertenecer a un Gobierno que descree de ella. “El Estado se ocupa de la seguridad”, arrancó Milei, “pero como todo lo que hace el Estado lo hace mal, Argentina es un baño de sangre. No creemos en la lógica de que el delincuente es una víctima”. “Me alegra que por fin coincidimos en algo”, le respondió el peronista, y usó su tiempo para explicar su política de seguridad en Tigre, el municipio del extrarradio de Buenos Aires del que fue alcalde entre 2007 y 2013. Massa instaló entonces cientos de cámaras de seguridad y se jactó de reducir al mínimo el delito en su distrito.

Para el final, Massa dijo que quiere ser presidente “para superar” la crisis, convencido “de que ahora viene el crecimiento”. Milei ya había perdido la oportunidad de sacar ventaja con críticas al Gobierno kirchnerista. Apenas habló de corrupción, no se refirió a los últimos escándalos de espionaje a opositores protagonizados por sectores vinculados a la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y apenas habló de la crisis económica. Solo al final fue directo al corazón de sus votantes, jóvenes que están hartos de las crisis recurrentes de una Argentina que no sale a flote. “Te pregunto si querés seguir sosteniendo a esta casta política chorra, parasitaria y corrupta. Te pregunto si vos querés elegir entre el populismo que nos hunde o la república. Por eso te ofrecemos el modelo de la libertad, que se aplica en los países ricos”.

“La casta tiene miedo”, cantaron para despedirlo sus asistentes. Los sondeos anticipan para el domingo 19 un empate técnico, con una ventaja para Milei que está dentro del error estadístico. Argentina está partida.

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