Así quedó el ranking de tolerancia a la inundación de estos cultivos de invierno, en sus etapas tempranas y tardías.

Analizaron los daños, la recuperación y sus rindes. Buscan reducir las consecuencias de este fenómeno en la Región Pampeana.
Por: Sebastián M. Tamasahiro

El campo se llenó de agua y los cultivos quedaron abajo. Todo parece perdido, pero depende… ¿qué habíamos sembrado? Algunos cultivos toleran las inundaciones más que otros. También depende en qué momento les sube el agua. Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) en la Región Pampeana comparó cultivos extensivos invernales y señaló que el trigo es el que más toleró el anegamiento temprano y tardío; y la arveja, el que más los sufrió. La cebada y la colza, en el medio.

Las lluvias intensas e impredecibles van a ser cada vez más frecuentes en el contexto de cambio climático. Cuando ocurren en zonas con suelos de poca pendiente o infiltración, producen inundaciones que dañan los cultivos y producen grandes pérdidas económicas.

“Para desarrollar estrategias que reduzcan las consecuencias de las inundaciones, es clave identificar los cultivos que la toleran mejor y qué características lo posibilitan”, explicó Rocío Ploschuk, egresada de la Escuela para Graduados de la FAUBA.

“Analizamos qué pasaba con trigo, cebada, colza y arveja cuando se inundaban en etapas vegetativas y reproductivas. Los ensayos duraron dos años y los hicimos en contenedores de 1 metro cúbico en la Región Pampeana”, agregó. ¿Sobreviven, se recuperan, cuánto rinden? El principal resultado fue un ranking de tolerancia.

“El trigo fue el que más toleró el anegamiento temprano y tardío. Después, cebada y colza toleraron mucho más el temprano que el tardío. Por último, la arveja fue el más sensible, no se pudo recuperar ni del anegamiento temprano ni del tardío”, resaltó Ploschuk a partir de un trabajo publicado en la revista científica Agronomy Journal.

Del artículo al campo
Rocío afirmó que su estudio fue uno de los primeros que abarcó los cuatro cultivos desde la etapa vegetativa hasta la reproductiva, en un mismo ambiente y con anegamiento temprano y tardío. “El ranking que generamos sirve como herramienta para que los productores puedan elegir qué sembrar según sus posibilidades y pronósticos climáticos”.

“Si es un lugar que es proclive a inundarse, probablemente sembraría trigo; también si los pronósticos hablan de lluvias intensas durante la primavera o el verano. Si pronostican lluvias en invierno, podría sembrar cebada o colza, que se recuperan bien. En un área que no se inunda, pondría arveja. Por supuesto, más allá de la parte económica”, señaló.

Lo que el agua se llevó
Para construir el ranking, observaron múltiples características: la biomasa de raíces por volumen de suelo y la biomasa de hojas verdes, de hojas muertas, de tallos y de tejido reproductivo por superficie. También analizaron el número de macollos en trigo y cebada, y el número de ramificaciones en colza y arveja.

“El anegamiento temprano redujo la densidad de raíces y la biomasa aérea en trigo, cebada y colza, pero se recuperaron a niveles del control cuando se levantó el anegamiento”, remarcó Ploschuk.

Y añadió: “El trigo y la cebada no tuvieron repercusiones en sus rendimientos, mientras que la colza perdió un 17%. La arveja no se recuperó y perdió hasta el 90% del rinde”.

Por otra parte, el anegamiento tardío redujo un 65% el rendimiento de la cebada al disminuir el número de macollos, y un 69% el de la colza al reducir sus ramificaciones. También aceleró la senescencia de sus tejidos”, aseguró.

La razón de las raíces
¿Por qué hubo tanta diferencia entre los cultivos? La investigadora aseguró que la densidad de masa radical es una característica fundamental para tolerar la inundación. “En un anegamiento, los poros del suelo tienen agua y poco aire. En una inundación, deja de haber oxígeno y las raíces tienen dificultad para absorber agua y nutrientes, y los cultivos se estresan”.

En este sentido, completó: “El trigo y la cebada generan raíces superficiales con un tejido que les permite una mejor oxigenación, llamado aerénquima, así mitigan la crisis metabólica. Rocío aclaró que usaron solo un cultivar de cada cultivo y que otros pueden responder diferente a la inundación.

La línea de investigación de Ploschuk seguirá adelante con la soja, explorando la variabilidad dentro de la especie. “Hay poca información sobre este tema y vamos a evaluar la tolerancia de distintos materiales genéticos al anegamiento. Observaremos rendimiento, rasgos fisiológicos, anatómicos, de biomasa radical y aérea”.

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