Los precios de los alimentos que conforman la canasta básica pueden trepar hasta un 1.400 por ciento por arriba del valor que recibe el productor agropecuario por la materia prima entregada en la tranquera, según un informe de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).
La presentación de dicho informe denominado «De la Tierra a la Mesa» quedó a cargo de los economistas de la entidad Juan Rey Kelly y María José Maisterrena, en la sede de la Sociedad Rural de Rosario.
Según los especialistas, la brecha entre el precio que recibe el productor y lo que pagan los consumidores supera el 1.400 por ciento para el caso de hortalizas tales como la cebolla y la lechuga.
En frutas tales como la manzana, el durazno fresco y en lata, la mandarina y la naranja, dicha diferencia en los precios pagados en la tranquera supera holgadamente un promedio el 770 por ciento.
«Existen cuatro puntos que marcan el relato oficial y que tienen que ver con los mitos falsos ligados al sector agropecuario, como que el sector es responsable de la inflación, no agrega valor, no es generador de empleo y que no aporta recursos tributarios», indicó Rey Kelly durante la presentación.
Los especialistas de CRA desestimaron dichos conceptos al expresar que los valores que perciben los productores por la materia prima solo inciden en un 16 por ciento en el precio final de los productos en las góndolas de los comercios.
Añadieron en su alocución que en países como Estados Unidos y Nueva Zelanda, dicha incidencia ronda el 25 y 22 por ciento, respectivamente, sobre el valor final de los alimentos.
En el caso de hortalizas como la cebolla y la lechuga la brecha es de hasta el 1.400 por ciento, y en el caso del tomate pelado enlatado, el productor percibe 0,18 pesos por una lata de 400 gramos mientras que el consumidor abona un precio de 6,5 pesos por este producto.
Dentro de los productos lácteos, por el litro de leche el productor tambero recibe en promedio 1,50 pesos mientras que en los supermercados el precio del litro sube hasta 6 pesos, es decir un 300 por ciento más.
En productos procesados, donde la materia prima precisa de instancias de elaboración más complejas, las brechas son aún más amplias.
Por ejemplo, por el trigo necesario para hacer una docena de medialunas el productor recibe 0,30 pesos, mientras el producto final en las panaderías tiene un costo de 23 pesos: es decir 7.500 por ciento más.