Los argentinos hace mas de 18 meses que venimos consumiendo un total de carnes que rondan los 120 kilos por persona por año, en los cuales la carne vacuna, la aviar y la porcina tienen los mayores porcentajes. Es algo totalmente fuera de lo común a nivel mundial y solo comparable con el consumo en Estados Unidos.
Este alto consumo complica la colocación de las tres carnes generando problemas en cada una de ellas, siendo la carne aviar la que mas se vio afectada, provocando inconvenientes en algunas empresas del sector.
La carne de cerdo es quizás la menos afectada y la cual en ningún momento ha dejado de crecer en los últimos años, además de mantener un resultado positivo en sus integrantes. Nos hemos integrado al mundo en lo que se refiere al precio de las carnes.
La aviar es la más barata, la vacuna la más cara y en el medio queda la carne de cerdo, tema crucial para mantener el crecimiento constante. En los momentos en el año en que el precio de la carne porcina se acerca e inclusive supera a la vacuna, cae estrepitosamente el consumo durante un breve lapso y cuando se ubica nuevamente por debajo, las ventas vuelven a fluir.
Esto es lo que ha pasado entre abril y mediados de julio en nuestro mercado y que provocó la caída en las cotizaciones del cerdo en pie. Pero estas variaciones en promedio no llegaron a una disminución del 5%, que fueron acompañadas casualmente por la baja en los cereales y la rentabilidad en ningún momento fue negativa.
Debemos hacer una salvedad a lo recién comentado y es en el precio de los pequeños productores que le venden a un intermediario. La caída en algunos casos fue del 30%, mas allá que el intermediario no haya bajado su venta en mas del 5%. Esto sigue demostrando la fragilidad del sistema en los pequeños productores que no están integrados y que debe ser un tema prioritario tanto de la agenda política, como de la privada.