Fue un domingo hasta impensado, porque ni el más optimista fanático del fútbol rojense hubiera vaticinado terminar el domingo con puntaje ideal. Seis jugados, seis ganados. Mientras en Colón se lamentan porque ayer todos los equipos de esa ciudad cayeron, en Rojas saborean y festejan. Carabelas logró su mejor victoria de la temporada. Si bien venía levantando considerablemente su nivel, ganarle al campeón de Chacabuco (9 de Julio) no es cosa de todos los días. Argentino y Newbery se recuperaron y gritaron fuerte de visitante, el Globo se floreó ante San Martín y hasta se dio el lujo de errar un penal, y Juventud le pasó el trapo a Sportivo Barracas, en un triunfo que está dentro de los mejores de los albirrojos en la temporada.
Rosset, lejos de ser amarrete, le salió a jugar de igual a igual a un equipo que históricamente es precursor del juego lírico, del toque, de la sutileza. El DT metió mucha gente en ofensiva, pensó siempre en el arco contrario y metió un golazo de media cancha. Un cabezazo de Maravilla Martínez (perdón, Rodríguez) le dio un festejo pocas veces visto en 2012 por Nehuenche.
Y Boca enderezó un poco el rumbo al ganarle a Singlar, en Arenales, por 1 a 0. Con cambio de entrenador incluído pudo celebrar. En verdad lo vivido en el club de barrio Mataderos no es frecuente y habría que buscar estadísticas para saber qué equipo de Rojas cambió dos entrenadores en una temporada (Verón y Durich).
Los técnicos del fútbol argentino son cuestionados constantemente. Los resultados mandan y los bancos de suplentes se vuelven verdaderas sillas eléctricas semana a semana. Algunos cuentan con un mayor respaldo que otros, pero parece ser que sin resultado, no hay continuidad. El caso más claro es en Douglas de Pergamino. Omar Jorge, hace poquito, mediante una campaña fabulosa, regresó a los fogoneros tras 13 años a la “B” Nacional, y ayer (tras el 0-2 ante Defensa y luego de tres caídas en fila) ya se cuestiona si seguirá o no.
En Boca de Rojas la salida de Guillermo Durich no fue elegante. Fue viciada de desprolijidades. Si bien Durich no tiene experiencia como DT, tampoco era blanco de semejante desplante. Porque en su tiempo en la conducción hizo lo que pudo (sus números tampoco eran tan malos: 4 partidos ganados y 3 perdidos), con la mochila que significa manejar un grupo sin cintura previa. Cuando Raúl Verón dejó su cargo, la alternativa de Durich fue la más viable. Lo usaron, y tras siete fechas, lo desecharon. Demasiado castigo para alguien que había colaborado demasiado más allá de aciertos o desatinos. Patricio Barrett, con el buzo de DT preparado para el zarpazo, tomó la posta. Podrán venir buenos o malos resultados, lo que está claro que semejante destrato pareció demasiado. Claro, lo que mandan son los resultados…